21.11.09

Edgar Morin reclama una metamorfosis del conocimiento, la ética y la política

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Edgard Morín



Edgar Morin (París, 1921) ha desarrollado a lo largo de su extensa obra el concepto denominado “pensamiento complejo”. A grandes rasgos, éste se refiere a la necesidad de abordar las cosas, sean estas de la naturaleza que sean, desde una perspectiva global, que analice las partes con visión unitaria, organizada, y nunca reduccionista. Se trata de ver el todo pero también las cualidades de las partes.
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Para Morin, la tendencia al reduccionismo que, a su juicio, propicia el modelo educativo imperante, “nos impide ver los problemas fundamentales y globales”. Parafraseando a Ernesto Sábato, Morin reclama en lugar de especialistas la presencia de mundiólogos. “Nunca –afirma– hemos tenido tantas informaciones pero tan pocas soluciones”.
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La complejidad de las cosas, las aparentes contradicciones entre distintas verdades, está siendo utilizada en lugar de como una oportunidad o reto, como una excusa. “Complejidad es una palabra cada vez más utilizada, pero se hace como un indicativo de la derrota de nuestra capacidad y no como un desafío a nuestra mente”, indicó el pensador francés.
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El primer ámbito que es necesario modificar para dotar de esa complejidad positiva es, por lo tanto, el educativo. “El actual –afirmó Morin– reparte los conocimientos por disciplinas, sin relacionarlos. Es un modelo que propicia un conocimiento lineal en lugar de circular”.
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Una vez que se alcance ese modo de pensar que respete y asuma la complejidad, llega, a juicio de Morin, el siguiente paso, no es otro que aceptar y aplicar la “ética compleja”. Aceptarla en el sentido que una acción puede deparar un resultado distinto al pretendido. “El comunismo –puso de ejemplo el pensador– dio como resultado un crecimiento del capitalismo y de la religión. Dos cosas que seguro que no pretendió. Por ello –continuó Morin– debemos ver la ética con esta complejidad, con esa posibilidad de contradicción”. No obstante, para Morin las cosas irán mucho mejor si a las acciones se les dota de dos fuentes éticas fundamentales: la solidaridad y la responsabilidad.
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El tercer paso, tras modificar pensamiento y ética, debe ser cambiar la manera de hacer política. Para ello es necesario introducir en ella la complejidad, o dicho de otra manera lograr que nuestros políticos actúen aplicando pensamiento y ética compleja. Se trata de que sus decisiones las pasen por un doble filtro: la crítica de la utopía y la crítica del realismo. La primera, la de la utopía, consiste, según describió Morin, en no dejarse cegar por la búsqueda de la perfección, de la armonía absoluta, “algo imposible de alcanzar”, pero a la vez jamás renunciar a lograr un mundo mejor. En cuanto a la crítica del realismo, Morin la argumenta en la necesaria huída de cualquier actitud inmovilista y no aceptar pretextos como el “no estar preparados para empezar lo inesperado”.
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Para finalizar, Morin dejó a un lado su discurso teórico y se centró en el actual momento de crisis económica mundial, “una situación que puede parecer que conduce a la catástrofe, al aumento del capitalismo y de la miseria, pero que también nos concede una oportunidad: una confederación de los humanos para salir a una nueva época. Es una posibilidad positiva muy improbable, mientras que las negativas son muy probables. Pero hemos de pensar –continuó el pensador su reflexión– que la historia humana nos habla de situaciones improbables que se hicieron realidad. Atenas fue defendida por unos pocos de un ejército de miles. Sus posibilidades eran pocas, pero resistieron y gracias a ello nació la democracia y la filosofía”, señaló Morin.
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Antes de concluir, el autor de La mente bien ordenada, dejó una última reflexión. Si en un momento dado llega esa conexión, si se produce este cambio en el modo de ver las cosas para ayudar a la gente a tratar sus problemas, si se hace realidad esa esperanza posible en un mundo donde impera la desesperación, la desesperanza y la pérdida de ilusión en el futuro, Morin solicita que nadie lo llame revolución y sí metamorfosis. “Donde se pronuncia la palabra revolución siempre aparece la violencia.
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Optemos por el cambio tranquilo, por la metamorfosis y, como dijo Heráclito hace muchos siglos, no olvidemos que si tú no buscas lo inesperado, nunca lo encontrarás”.
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Alberto Martin
Periodista y Subdirector del semanario Tribuna Complutense
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23.10.09

La vejez era esto: aceptadme como soy





Constantemente se nos critica a las personas mayores por no adaptarnos al mundo moderno. Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos por todo lo que hemos hecho y no culpamos a nadie por ello.

A pesar de haber llevado el pelo largo, de haber realizado una revolución sexual, de habernos revelado contra los llamados valores tradicionales y de haber bailado con Los Beatles y los Rolling Stones, no fuimos nosotros los que eliminamos la melodía de la música, el talento y el ingenio de las creaciones artísticas, la buena voz a la hora de cantar, el orgullo por nuestra apariencia exterior, la cortesía al conducir, el romance en las relaciones amorosas, el compromiso de la pareja, la responsabilidad de la paternidad, la unión de la familia, el aprendizaje y gusto por la cultura, el sentimiento de patriotismo, el rechazo a la vulgaridad.

No fuimos nosotros los que eliminamos la escena de la Navidad de las escuelas y ciudades, el comportamiento intelectual, el refinamiento del lenguaje, la dedicación a la literatura, la prudencia a la hora de gastar, la ambición por lograr ser alguien en la vida ni tampoco sacamos a Dios del gobierno de las escuelas y de nuestra vida.

Y por supuesto que no somos los que eliminamos la paciencia y la tolerancia de nuestras relaciones personales ni de nuestras interacciones con los demás.

En efecto, ya soy una persona mayor, pero todavía puedo animar una fiesta. Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba de niños aunque tenga que usar un martillo. Todavía me acuerdo de llegar a mi casa...aunque deba llevar un mapa conmigo. Todavía duermo como un bebé en las noches...aunque al otro día el cuerpo demore en permitir que me levante.

En efecto, ya soy una persona mayor, pero todavía puedo reírme de las críticas aunque a veces no pueda oír lo que dicen de mí. Todavía soy muy bueno contando historias aunque las repita varias veces. Pero no creáis que me he vuelto peleador, cascarrabias ni intransigente. Simplemente que tengo edad para decir que hay cosas que ya no me gustan:

Ya no me gusta la congestión de tráfico, ni las muchedumbres, ni la música alta, ni los niños gritones, ni los perros que ladran, ni los políticos, ni tantas otras cosas que ahora no recuerdo.

Aceptémoslos como están, porque como son no hay la menor duda.
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16.10.09

Hombre solo en el campo

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Se calcula que por cada 80 mujeres, hay 100 hombres en los pueblos de menos de 10.000 habitantes y sólo el 38% de las personas entre los 30 y 49 años del mundo rural vive en el mismo municipio en el que nacieron.

Parece que un nuevo éxodo rural se está produciendo en nuestros días, pero con un protagonista diferente al de los años 60: ahora es la mujer quien se traslada del campo a la ciudad.

El hombre se está quedando cada vez más solo en el campo. Este nuevo éxodo rural no es muy diferente al de nuestros antepasados, cuando también se dio una ruptura con la tradición para buscar las oportunidades que ofrecían las grandes urbes.

Si entonces eran los humos de las grandes fábricas lo que llamaban a los jóvenes a la huida del campo, hoy son la libertad, independencia y anonimato lo que buscan las mujeres en la ciudad.

Muchos factores parecen haber influido en este nuevo éxodo. Por un lado está la alta formación de las mujeres. Si hasta hace unas décadas la universidad era territorio masculino, hoy son las mujeres quiénes más carreras y más altos niveles educativos consiguen, lo que las empuja a buscar unos trabajos cualificados que difícilmente el campo puede ofrecerles.

El segundo factor hace referencia al rol tradicional que la mujer ha mantenido en el campo: la ciudad ofrece libertad e igualdad frente al campo, en donde se repiten aún hoy muchos de los roles machistas que limitan el papel de la mujer al ámbito doméstico.

La principal consecuencia de este nuevo éxodo es la masculinización de las poblaciones rurales. En su revés, la feminización de las ciudades. Las dos caras de un mismo fenómeno que produce la misma consecuencia: la distancia entre los dos mundos que implica que cada vez resulte más difícil el encuentro hombre-mujer, con resultados obvios: cada vez existen una mayores tasas de soltería en la población española y, en consecuencia, una caída de la tasa de natalidad, con una población envejecida que no se renueva y que deja los campos cada vez más vacíos e improductivos.

Este nuevo éxodo debe también hacernos replantear el papel del campo en el siglo XXI. El sector primario resulta imprescindible, no sólo en la economía de cualquier país, sino también en la calidad de vida y en la subsistencia: proporciona desde aire limpio de unos bosques y parajes bien conservados, hasta los alimentos que el hombre necesita.

Ahora, en plena crisis, cada vez son más las voces y las iniciativas, entre ellas un cada vez más pujante turismo rural, que apuestan por el desarrollo del campo como una fuente de riqueza y futuro laboral para muchos. Pero es un futuro que se ve limitado por la falta de inversiones en el medio rural: faltan transportes y comunicaciones, dos pilares básicos sobre los que se apoya el mundo actual.

Por ello, la inversión y la apuesta gubernamental son dos soluciones imprescindibles ya no sólo para la conservación de nuestro medio rural, sino para la necesaria renovación y adaptación a los nuevos tiempos.

En un mundo que se ha convertido en un territorio transfronterizo, parece que los únicos movimientos migratorios que llaman la atención son los verticales “Sur-Norte”. Pero también se producen importantes movimientos dentro de nuestras propias fronteras.

Uno de ellos es el éxodo rural de las mujeres que, atraídas por luces de neón que iluminan su camino en el siglo XXI, han decidido reivindicarse dentro de la ciudad.


Mercedes Hernández Gayo

Periodista

ccs@solidarios.org.es


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2.10.09

Recuperar los pueblos

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A vista de pájaro, algunos paisajes parecen desiertos humanos. En las ciudades se hacina la población, mientras el campo se vacía. La ausencia de servicios y la falta de mujeres parecen ser las principales causas.

En España, un 65% de la población vive apiñada en los grandes núcleos urbanos y un 25% en los pueblos más pequeños. Como en tantos otros países, se vivió el éxodo rural, sobre todo de los años 60 a los 80, cuando los pobladores del campo se trasladaron a las ciudades buscando nuevas oportunidades laborales y una mejor calidad de vida. Más del 80% de la superficie agrícola útil española se considera desfavorecida.
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Son zonas de montaña, o con poca población, y su economía básica depende del maltrecho sector agrario. La ausencia de alternativas laborales agrava el problema del desempleo. La mecanización del campo ha propiciado la caída del sector agrícola y ganadero, al precisarse cada vez menos mano de obra. Los elevados costos de producción y los bajos precios de venta merman la población campesina.

Esa despoblación significa pérdida de señas de identidad, produce desequilibrios territoriales y se traduce en riesgos medioambientales como los incendios o la pérdida de biodiversidad. Cada día desaparece un rebaño, y al abandonar la actividad ganadera suele aumentar la superficie forestal descontrolada. Se está perdiendo también patrimonio cultural. Hay paisajes que tienen que ver con la actividad humana, como las salinas, que contemplaron la ritual extracción de sales durante milenios y ahora están desapareciendo.

El reto es lograr que la gente no abandone el campo, y que quienes regresan al campo puedan quedarse en él. La dotación de infraestructuras, aunque es necesaria, no es suficiente. Buenas carreteras, transportes suficientes, tecnología actualizada, escuelas, hospitales, ofertas laborales diversas, todo ello indispensable, pero ahora se tienen en cuenta otras necesidades de calidad de vida, prestando atención a lo pequeño, con respeto a la identidad y las culturas locales.

La despoblación que sufre la España rural tiene un factor cualitativo: son las mujeres, en edad productiva y de procreación, las que se están marchando. Los pueblos se masculinizan. Los programas televisivos del tipo ‘Granjero busca esposa’ reflejan, más allá de valoraciones de otro tipo, una realidad del mundo rural: la falta de mujeres. En pueblos de menos de 10.000 habitantes, por cada 80 mujeres hay 100 hombres y si el municipio es más pequeño, la diferencia se agranda.

La tendencia es que los hombres hereden las propiedades y los terrenos y que las mujeres se vayan a estudiar a la ciudad. Ellas, con más estudios, buscan trabajo fuera. En el medio rural parecen amplificarse las desigualdades de género, la subordinación del mundo femenino. Por eso las chicas con estudios prefieren ejercer sus carreras profesionales en la ciudad, y así también abandonan un mundo patriarcal.

La brecha entre los pueblos y las ciudades se agranda cuando algunas conquistas sociales en las grandes urbes apenas llegan a penetrar en los pueblos más pequeños. Al quedarse en el pueblo, muchas eligen dedicar más tiempo a criar hijos y aliviar la vejez de sus mayores. La ausencia de guarderías, de residencias para los mayores, espacios de ocio, adecuados transportes públicos y servicios básicos sanitarios o educativos son carencias que originan buena parte del éxodo femenino. Para frenar la pérdida de población se precisan inversiones y comunicaciones.

Hay una nueva percepción y sensibilidad hacia lo rural. Se sabe que muchas pequeñas poblaciones desaparecerán, pero también se está dando una revalorización de la vida en los pueblos.

El lado más alegre en el mundo rural lo ponen los nuevos pobladores. Está llegando gente que traslada su residencia desde la ciudad al campo. Estos llamados neo-rurales ya suponen un 17% de la población en muchos municipios y, aunque no pueden frenar la despoblación, sí contribuyen a dinamizar la vida en los pueblos. Son gente joven que aporta hijos, que mantienen abiertas las escuelas, crean sus propias empresas y animan a los locales a seguir viviendo en el campo.

Queremos conservar los entornos naturales como siempre, con sus bosques, praderas y paisajes, pero eso tiene un coste. El campo nos aporta alimentos, agua, oxígeno, biodiversidad, cultura. Para su sostenibilidad es preciso emplear mayores fondos y valorar lo que podemos perder.

María José Atiénzar
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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28.9.09

La democracia necesita aprendizaje

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Las acusaciones de fraudes electorales en países del Tercer Mundo suelen ser noticia de primera en los medios de comunicación.
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Al elevar la anécdota a categoría, nos hacen creer que la democracia no funciona en los países que torpemente designamos como “en vías de desarrollo”. ¿De cual modelo de desarrollo? ¿Del nuestro neocon y capitalista controlado por financieros y grupos de poder sin escrúpulos? ¿De un modelo que ha desencadenado una catástrofe económica ante la cual sólo se nos ha ocurrido prestar dinero a los bancos responsables de la crisis?

Igual sucede con la “democracia” que hemos elevado a paradigma del ordenamiento jurídico para todos los pueblos sin distinción. Olvidamos que la democracia en los países ricos de Occidente ha necesitado un largo camino para asentarse. Hasta 1944, las mujeres no tuvieron derecho al voto en Francia, cuyo régimen republicano se había restaurado en 1870. En Gran Bretaña, hasta 1918. En Alemania padecieron la tiranía nazi, a pesar de la república de Weimar, igual que el fascismo en Italia que se había organizado como estado, en 1870.

De Estados Unidos, como régimen democrático por excelencia, es conocido lo que han tenido que penar los negros para poder ejercer los derechos reconocidos en la Constitución. Y en todas las democracias de Occidente y Asia, en Japón, India, Australia, Nueva Zelanda y Filipinas, vemos cómo padecen millones de personas por causas económicas, étnicas, religiosas, de sexo o de opción sexual. ¿Cómo no recordar la situación de cientos de miles de indígenas, de campesinos, de inmigrantes y de los económicamente desposeídos en las florecientes repúblicas democráticas de Latinoamérica?

De Rusia, y del inmenso desastre causado en los pueblos dominados por la antigua URSS, es innecesario hablar.

Entonces, ¿cómo condenar las dificultades y sospechas en el ejercicio de procesos electorales en países de África, Oriente Medio y de todos cuantos, hasta hace unas décadas, padecieron siglos de conquista, colonialismo y explotación por parte de europeos etnocentristas, blancos y en su mayoría judeocristianos?

Si hacen falta sesenta años para hacer a un hombre, en frase de Malraux, como recuerda Ben Yahmed, ¿cómo no reconocer lo mismo para pasar, mediante la educación y la práctica, de la autocracia a la democracia para tantos países? Necesitan un tiempo de ejercicio y es nuestra responsabilidad ayudarles y acompañarles en este proceso de aprendizaje.

En más de cien de los casi doscientos países que hay en el mundo, en los que la democracia no está firmemente instalada, las elecciones por poblaciones con un alto grado de analfabetismo, de resentimiento por la explotación y de falta de una autonomía económica elemental, no es raro que los resultados electorales sean contestados por los candidatos perdedores. A pesar de contar con observadores de organismos internacionales, con controles y con la presencia de los medios, se niegan a aceptar los resultados y acusan al ganador de manipulación, de fraude, y convocan a las gentes a echarse a la calle.

En una reflexión, digna de su profesionalidad y sabiduría, Ben Yahmed propone atacar de frente dos llagas propias del sistema político democrático. (Mi ironía proviene de la convicción de que no se puede imponer un sistema que exige un cierto grado de educación y de bienestar básico a pueblos con valiosas tradiciones ancestrales que es preciso tener en cuenta. Es inimaginable la ignorancia de los líderes occidentales y de los clérigos en este tema).

La primera llaga consistiría en la recusación del sistema electoral por los perdedores, una vez asumido sin denuncia o abstención antes de comenzar el proceso y saberse perdedores. Saber ganar y saber perder es una de las asignaturas fundamentales del juego democrático.

En lugar de respetar las reglas, explotan su victimismo y acusan a los vencedores de disponer de más medios económicos, de fraudes y manipulación sin querer admitir que, además, no han sabido ganarse la confianza de los electores.
Por ello, es preciso denunciar la actitud de los opositores en tantos países del mundo, incluidos muchos de los occidentales.

Cuando la oposición pretende desalojar a un candidato instalado en el poder, sin coaligarse en una federación y unirse en torno a un buen candidato, el resultado está servido. Sin esa candidatura única, y divididos en múltiples banderías, no será fácil conseguir el cambio legítimamente.

Ahora bien, es preciso reconocer el enorme avance que se ha producido en los últimos años en el desarrollo del juego democrático. Perdernos en amplificar ciertos resultados en algunos países nos impedirá analizar las causas.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid. Director del CCS
fajardoccs@solidarios.org.es
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18.9.09

Cuando nuestros representantes nos decepcionan

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Me anonada la situación social, económica y política, reflejada en los medios. Los políticos se insultan y descalifican, no aceptan un diálogo ni asumen un error, sestean en el Congreso y son capaces de sostener una tesis y su contraria, según se trate de su partido o de los demás. Mienten, niegan las evidencias de corrupciones que les atañen, no son coherentes con sus programas y utilizan los medios como armas arrojadizas.

Impresiona ver cómo se habla de Magistrados y de jueces “afines al PSOE o al PP”, y hasta de los mismos Tribunales Supremo y Constitucional. Asistir a una sesión de control al Gobierno en el Congreso o en el Senado causa vergüenza ajena. No hay “parlamento”, porque leen las consignas que llevan escritas, el método Ollendorff. “¿De dónde vienes?” “¡Manzanas traigo!”

Bien está que, en período electoral, defiendan sus programas y denuncien a quienes no han cumplido sus compromisos anteriores, aportando alternativas constructivas y viables.

Pero, pasadas las elecciones, los diputados y senadores, los consejeros autonómicos y los concejales municipales, deberán buscar el bienestar de los ciudadanos, el imperio de la justicia, el desarrollo intelectual, científico y económico, un sistema fiscal equitativo y sin fisuras en paraísos, la calidad de la enseñanza, el funcionamiento de los pilares del Estado de Bienestar: enseñanza pública y gratuita para todos, cobertura sanitaria eficaz y plena, mejora de los planes de pensiones, y aplicación diáfana de la Ley de dependencia que cubre las necesidades apremiantes de tantas personas necesitadas de ayuda y de sus familiares.

La conservación de la naturaleza y del medio ambiente, ¿será posible no ponerse de acuerdo en este tema vital y arrimar el hombro todos los diputados y senadores, sean del partido que sean? Cambiemos el “todo vale” por “que valga el todo”.

La mejora de los transportes, los horarios de trabajo, la incorporación inteligente de las nuevas tecnologías en juzgados, universidades, colegios, hospitales y centros sanitarios, bibliotecas públicas, centros de información a los ciudadanos ¿acaso no deberían de ser de máxima prioridad para los responsables de gobernar como mandatarios de todos los ciudadanos, no sólo de los que les han elegido?

Es inadmisible e insoportable que permanezcamos en permanente situación de campaña electoral. Los ciudadanos se sienten ninguneados, una vez depositado su voto. De ahí la creciente abstención en las elecciones, porque están obligados a votar en listas cerradas y a candidatos que no conocen y que, una vez elegidos, jamás regresan a sus circunscripciones para dar cuenta de sus compromisos.

Era propio de las dictaduras mantener al pueblo en perenne minoría de edad: no podían votar, no podían expresarse en medios de comunicación, no podían afiliarse a sindicatos independientes, tenían dificultades para viajar a otros países, existían policías secretas y “sociales” que controlaban a las personas por sus ideas religiosas, políticas, filosóficas o por sus preferencias sexuales.

Era delito disentir de la política del Estado con una confesión religiosa determinada o de su arbitrario y anacrónico poder en la enseñanza, en los matrimonios y la vida familiar, la interrupción del embarazo, la maternidad y paternidad responsables, dentro o fuera del matrimonio, las uniones de hecho, el divorcio y la constitución de nuevas familias, derecho a una muerte digna. Existía censura de prensa y de todo lo que se publicaba fuera científico, filosófico o de investigación histórica.

Aunque eso ya ha pasado, la herida se mantiene abierta porque nuestros políticos no han exigido responsabilidades ni la devolución de lo expoliado, la reparación debida a quienes se persiguió y negó el derecho a una vida de acuerdo con derechos universales. Aún hoy les niegan el derecho a rescatar los cadáveres de sus familiares asesinados.
¿No se han reconocido como imprescriptibles los crímenes contra la humanidad en países que padecieron la Guerra mundial?

A mi edad, y después de medio siglo de trabajo en la universidad, en la sociedad y en los medios de comunicación, me siento defraudado por el sectarismo de muchos políticos y por la insoportable perversión del ejercicio del poder político.

Un país moderno, con una democracia garantizada por una Constitución, no puede soportar a políticos montaraces, a una clase empresarial insaciable, a banqueros y financieros movidos por la obtención de beneficios por cualquier medio.
Por todo esto es necesario alzarnos contra este modelo de desarrollo injusto y perverso, y contra unos gobernantes irresponsables que no nos merecen.

Es posible la esperanza si nos rebelamos contra esta forma de tiranía, participamos cívicamente y denunciamos la actual situación insostenible, aportando propuestas alternativas. Todas las conquistas sociales se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. El progreso comenzó cuando las personas se atrevieron a pensar y los súbditos se convirtieron en ciudadanos.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS
ccs@solidarios.org.es
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13.9.09

Castradores de la libertad de pensamiento

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En mis explicaciones de Historia del Pensamiento Político y Social, en la Universidad Complutense, tuve que luchar contra la presión de instituciones religiosas que, desde Colegios Mayores y organizaciones seculares afines, prohibían leer muchos de los libros que citaba en mi asignatura. A pesar de que el Índice de Libros prohibidos (1571 a 1966), había dejado de aplicarse, sus colegiales sólo los podían leer en resúmenes o en versiones críticas adaptadas a su ideología.

Hablamos de universitarios, de futuros periodistas con responsabilidades en la formación de una opinión pública responsable, libre y documentada. Ilustrada, en suma. Esto sucedía en España todavía en los setenta y los ochenta.

Estaban censurados libros de Maquiavelo, Erasmo, Bacon, Bentham, Hobbes, Locke, Descartes, Holbach, Hume, D’Alambert, Balzac, Bergson, Maeterlinck, Kant, Considerant, Cabet, Condorcet, Montaigne, Schopenhauer, Marx, Nietzsche, Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Pascal, Saint-Simon, Comte, John Stuart Mill, Zola, Proudhon, Bakunin, y los que sostenían tesis marxistas, darwinianas, o freudianas.

También Lutero y autores protestantes sin los cuales era imposible entender la génesis del Estado moderno, del Renacimiento y de la Ilustración; mucho menos lo que supuso la Revolución francesa y la conmoción social del siglo XIX. No hablemos ya de libros de literatura universal y de ensayos sin los cuales es imposible tratar de comprender la evolución del pensamiento político, económico y social.

Esto para señalar que, junto a los peligros que existen en una utilización de Internet sin criterios, las redes nos ofrecen medios para denunciar y perseguir a los responsables de captaciones de jóvenes que llegan a perder la noción de lo real, de lo justo y de lo auténtico.

Son las webs creadas por asociaciones de ayuda a víctimas de estas sectas. Hay muchas más que las religiosas, pero de esas ya hablamos en los medios: prostitución, malos tratos, narcotráfico, abusos de menores, niños guerreros. Son excepciones ante esas organizaciones que fomentan el respeto, en el servicio a los más débiles sin apoderarse de sus conciencias.

“En las reuniones, los Testigos de Jehová siempre prevenían sobre los peligros de la Red”, dice G. Satué, presidente de Liberados, que ayuda a los afectados por esta organización.

“Internet ha sido vital, un detonante pues ya no pueden administrar su información tendenciosa a los fieles sin que estos puedan contrastarla”, cuenta Javier Salas.

La Red se ha convertido en un instrumento para quienes combaten, tras años de padecimiento, a las sectas. Para ayudar a los que aún están dentro y quieren salirse facilitándoles asesoramiento. Se trata de evitar más víctimas.

Antiguos miembros del Opus Dei, de los Legionarios de Cristo o de los Kikos, tratan de aliviar el vacío de quienes han tomado la misma decisión que ellos. Algunos que antes pertenecieron a los Legionarios han creado su asociación de víctimas.

La idea surgió en 2003, cuando Patricio Cerda decidió colgar los Estatutos de la congregación en la Red para que se conocieran sus abusivas normas. Entonces padeció un calvario de denuncias de abogados que exigían su retirada. Pero siguió adelante. “Esa es la fuerza que nos ha dado Internet: desde que planteamos sacar los trapos sucios a la luz se les acabó el negocio. La gente ha perdido el miedo y vamos a dar la batalla”, asegura este antiguo sacerdote de los Legionarios, que acaba de crear la web Asociaciondevictimaslcrc.org

Agustina López, antigua seguidora del Opus Dei, creó un espacio en Internet para denunciar los libros prohibidos por ellos. El éxito de Opuslibros.org le ha mostrado la necesidad que muchos tienen de conocer “la verdad”. La Red les ha desarbolado. La gente de dentro ve que hay otros que, como ellos, tuvieron dudas y ahora son felices. Su web se ha convertido en un lugar de encuentro para quienes se sientan atrapados o perjudicados y allí exponen sus experiencias. El papel que cumple la web de Agustina para las víctimas del Opus es similar al del blog de Pedro Sanz frente al Camino Neocatecumenal.

El blog Caminoneocatecumenalsecta.blogspot.com sostiene a personas que salen traumatizadas y no consiguen levantarse.

Pedro augura que la Red contribuirá a acabar con las sectas. “Ya no podrán moverse como los ladrones en la oscuridad”. Lo cual es aplicable a sectas promovidas por falsos gurús, seudo-maestros budistas, de Zen o de sectas de origen hindú pero que se han expandido desde América.

Ojala que la luz de la razón y de la justicia no tenga que esperar 500 años para reparar estas nuevas intolerancias sectarias y fanáticas.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid. Director del CCS
fajardoccs@solidarios.org.es
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4.9.09

Controlar los medios, controlar a la gente

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Quien controla la información controla la conducta cotidiana, controla a la gente. Y contra eso deberíamos reaccionar.

Aumentan casos de gripe A. No habrá vacunas suficientes. Más víctimas mortales de gripe A. La gripe A desbordará los hospitales. Sin rápida vacunación habrá explosión de gripe A. Tres mujeres mueren por gripe A en 24 horas. Más de 15.000 casos semanales de gripe A. No besar ni estrechar manos para evitar contagios. La llegada del invierno complicará la salud pública…

Son algunos de los miles de titulares de medios de estos meses. ¿Mortal amenaza, como cuando la peste diezmaba Europa en la Edad Media? Lo cierto es que esta nueva gripe es leve y quienes la sufran, salvo muy pocos, no correrán peligro. En el sureste asiático, por ejemplo, conviven tres tipos de virus: gripe de invierno, gripe A (contagiosas y leves), y gripe aviar (grave pero escasamente contagiosa). ¿Acaso ha ocurrido una tragedia en el Sureste asiático?

Además, los países del Norte disponemos de datos de lo ocurrido en el hemisferio Sur, donde ahora acaba el invierno. Ha habido 1.796 fallecidos por gripe A en todo el hemisferio Sur, pero cualquier gripe de invierno deja, en España por ejemplo, de 1.500 a 3.000 muertos. La gripe A es más contagiosa que la gripe de siempre, pero más benigna y su mortalidad mucho menor, aseguran los colegios de médicos de España. “El 95% de los casos serán leves y se resolverán en una semana como cualquier gripe común”, aseguran.

Las noticias sobre gripe A han sido -y son- un obsceno ejercicio de ruido. No es información, sino manipulación, irresponsabilidad, distorsión interesada y majadería. Un ceremonial de confusión que recuerda películas de aventuras en las que una legión de ojeadores arma un pandemónium con palos y latas y espanta la caza hacia los señores blancos con sus precisos y carísimos rifles.

Tal como recién ha denunciado la Organización Médica Colegial de España (OMC), “se ha creado una alarma y angustia exageradas sobre la gripe A”. Rodríguez Sendín, presidente de la OMC, no descarta intereses económicos tras la alarma por la pandemia, porque la exagerada importancia a mal tan común no responde a intereses sanitarios. En plata: la alarma causada por la gripe A no es inocente ni casual.

Cómo diría Al Capone, hay que seguir la pista del dinero. ¿Quién se beneficia del miedo colectivo a la gripe A? Aparte de muchos políticos profesionales (porque el miedo hace maleables y manejables a los ciudadanos), conviene a grandes empresas del sector farmacéutico-industrial. Ya hemos podido ver sus movimientos para quedarse con una buena porción del multimillonario pastel de las vacunas contra la gripe y de los antivirales, que presumiblemente se ingerirán sin estricta necesidad, pero a espuertas.

Una muestra de la ética del mundo farmacéutico-industrial la proporciona el informe de la Comisión Europea de 8 de julio sobre abusos contra la competencia en el sector farmacéutico. Según ese informe, los grandes grupos farmacéuticos recurren a prácticas inaceptables para impedir que los medicamentos genéricos lleguen al mercado. Porque los genéricos (cuyo uso recomienda la Organización Mundial de la Salud), son mucho más baratos que los caros medicamentos de esas compañías.

¿Qué tiene que ver la inmoral actuación de impedir que fármacos genéricos lleguen al mercado con la alarma creada por la gripe A?

Quien está dispuesto a impedir o retrasar que millones de ciudadanos pobres puedan mejorar su salud o incluso salvar la vida tomando genéricos, ¿no hará cualquier cosa para que la venta de vacunas y antivirales le permita ganar aún más?

Los medios informativos independientes y libres, en general ya no existen. El cuarto poder desapareció, fagocitado por operaciones de los ochenta de absorción, fusión y concentración de empresas. Y la mayoría de medios informativos hoy son propiedad de corporaciones, grupos de empresas y conglomerados financieros. No hay cuarto poder y en los medios informativos priman los intereses de la minoría privilegiada que los posee. Esa minoría dicta la agenda informativa. No como una sesión de Spectra, la organización malvada contra la que lucha el agente 007. Con normalidad, sin aspavientos, cotidianamente, por medio de un entramado de complicidades, servidumbres y otras malas artes propias de la aplicación del capitalismo neoliberal.

Quien controla la información controla la conducta cotidiana, controla a la gente.
Y contra eso deberíamos reaccionar.

Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor


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9.8.09

Enséñeme a pensar

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Enséñame a pensar
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Las relaciones entre profesores y alumnos han cambiado mucho en los últimos años. Los docentes se enfrentan ahora a unos estudiantes menos obedientes que los de generaciones anteriores, pero con mayores conocimientos en ciertos campos y con menos tabúes sobre cuestiones “delicadas” para padres e instructores. Las nuevas tecnologías y el sexo son ejemplos de ambas cualidades. Muchos se plantean la siguiente pregunta: ¿Debemos volver a la disciplina de la regla y el tirón de oreja o ir hacia una modernización de la enseñanza?

En un artículo publicado en EL País, se analizaba la situación de los educadores españoles y se decía que quizás el problema esté en que “profesores del siglo XX intentan educar a jóvenes del siglo XXI en unas escuelas del siglo XIX”. Sin duda, un desfase temporal demasiado grande que reúne, en el mismo espacio, realidades muy distintas y difíciles de combinar en el presente. La pérdida de la autoridad que suponía la cátedra y la disipación en los alumnos de otros valores como el esfuerzo constante, la disciplina o el respeto por unas normas han modificado el ámbito de la educación y el cariz de las interacciones que se dan en él.

Más allá del debate sobre el incremento de la indisciplina y los adolescentes insolentes, un hecho objetivo pero no por ello mayoritario, la controversia en las escuelas e institutos se centra en cuestiones todavía más importantes. Qué se enseña y cómo se enseña, sobre todo en la formación obligatoria, es la gran asignatura pendiente en materia educativa.

“La falta de motivación por parte de los estudiantes es la consecuencia y no la causa del problema”, asegura Andreas Schleicher, director del Informe Pisa de la OCDE que mide el aprendizaje de jóvenes de quince años en 60 países diferentes.

Es aquí en donde la figura del profesor se vuelve fundamental, a pesar de que Internet y la facilidad con la que se puede acceder a la información lo hayan despojado de la exclusividad como transmisor de conocimiento. El docente tiene que ser quien logre conmover e interesar a su audiencia, el que despierte el interés de los que se sientan en la última fila. El que consiga, con las herramientas y los métodos adecuados, que los que le escuchan crean que lo que aprenden es importante para su vida y no un mero conjunto de saberes inconexos, inservibles a efectos prácticos. Para que todo ello sea posible, además de modelos de enseñanza más atractivos o una participación más activa del estudiante, hace falta que el que se sube a la tarima tenga la ilusión de compartir y de mostrar. Esa es la esencia que no debe perder la educación.

Federico Luppi interpreta, en Lugares Comunes (2002), una película del director argentino Adolfo Aristarain, un hermoso discurso sobre lo que debería ocurrir entre pizarras y pupitres. Bajo la piel de Fernando Robles, un profesor universitario de literatura que acaba de ser prejubilado por el Estado, se dirige a sus alumnos diciendo:

“Si alguno de ustedes es un necio y cree en verdades reveladas, dogmas religiosos o doctrinas políticas, sería saludable que no preste atención a estas palabras.
Me preocupa que no se tenga siempre presente que mostrar quiere decir enseñar. Mostrar no es adoctrinar, es dar información pero dando también el método para entender, analizar, razonar y cuestionar una información, y eventualmente dar una respuesta. Las respuestas no son la verdad, buscan una verdad que siempre será relativa. Las mejores preguntas son las que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos. Muchas ya son lugares comunes, pero no pierden vigencia: Qué, cómo, cuándo, dónde, por qué. Pero, si en esto también aceptamos eso de que la meta es el camino, no nos sirve como respuesta. Describe la tragedia, pero no la explica”.

Fue la última clase del personaje de la novela, El Renacimiento, de Lorenzo F. Aristarain que más tarde su primo director llevaría al cine.

En abrir caminos es en donde radica el verdadero trabajo del profesor. De recorrerlos de una manera u otra, de traspiés en traspiés o con paso firme y seguro ya se encarga el alumno. En eso, precisamente, consiste educar.



David Rodríguez Seoane

Periodista

ccs@solidarios.org.es



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12.6.09

La militarización del ciberspacio

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El eterno dilema entre seguridad y libertad



Si el Pentágono hubiera existido cuando Marx escribía y difundía El manifiesto comunista, se hubiera creado en seguida una agencia militar dentro de los órganos de la defensa de Estados Unidos para llevar a cabo la lucha contra los libros peligrosos.

Comandos especializados en descubrir en las librerías, bibliotecas y domicilios privados material enemigo, y sistemas de vigilancia y detección remotas para desvelar en los primeros gérmenes de una obra de presumibles efectos nocivos, empezarían a organizarse bajo control de los mandos militares. Los fabricantes de las tecnologías para ese fin se frotarían las manos ante la perspectiva de un nuevo pozo sin fondo del que extraer renovados beneficios.

Esta hipótesis podría llevarse a la época en que los ilustrados franceses escribían la Enciclopedia, o cuando las obras de Voltaire hacían temblar los cimientos del Vaticano. Incluso sería aplicable a los monarcas hispánicos empeñados en reducir por las armas la influencia de Lutero y sus publicaciones en un mundo que se transformaba de día en día.

Militarizar los campos en los que se advierte el más mínimo riesgo contra el Estado y sus fundamentos es una tentación que siempre ha aquejado a gobernantes. La figura del dictador militar resolvió el dilema, pero ya no es aceptable por la mayoría de las opiniones públicas del siglo XXI, a causa del desprestigio que los caudillos han acumulado en el transcurso del tiempo.

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La prensa de Estados Unidos ha desvelado la creación en el Pentágono de un nuevo mando militar con la misión de hacer frente a las amenazas existentes en el ciberespacio oficial y privado.

Es bien sabido que cualquier acción bélica defensiva, incluidas las de la ciberguerra, tiene siempre una contrapartida ofensiva. ¿Existen ya los medios, al servicio del Pentágono, para llevar a cabo acciones agresivas en el ciberespacio? Y sobre todo, ante las cuantiosas sumas asignadas a estas actividades, ¿quién las va a controlar?

Un portavoz del Pentágono declaró: “No estamos cómodos al tratar de las operaciones ofensivas en el ciberespacio, pero creemos que éste es un campo de batalla. Necesitamos actuar en él, como en cualquier otro, lo que implica proteger nuestra libertad de acción y nuestra capacidad para operar en ese medio”. Y Obama, por su parte, dijo el pasado viernes que los atentados terroristas “no sólo pueden proceder de unos pocos fanáticos con un chaleco explosivo, sino de unas pocas teclas en un ordenador: un arma de perturbación masiva”; manifestó también su intención de crear en la Casa Blanca un responsable supremo de la seguridad cibernética para todo Estados Unidos.

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El debate lleva a terrenos delicados que afectan a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Los ataques cibernéticos pueden iniciarse en países extranjeros, pero por su propia naturaleza carecen de fronteras y se desarrollan también en territorio propio, donde los servicios secretos tienen limitaciones legales de actuación. ¿Cómo afectará la guerra en el ciberespacio a la protección de la intimidad personal? ¿Y al derecho a no ser espiado o vigilado sin autorización judicial?

Si un ciudadano estadounidense, amedrentado por la guerra global contra el terror, prefiere ver desde su ventana soldados patrullando por la calle en vez de policías, no le importará que sea el Pentágono el que vigile la pantalla de su computadora aunque él no lo sepa. Pero si conserva el espíritu libre e independiente de los fundadores del país, analizará con cuidado cómo la nueva militarización del ciberespacio puede afectar a sus libertades personales y procurará que el poder civil, democráticamente elegido, siga controlando al brazo armado de la nación también cuando éste penetra en territorios que hasta ahora le han sido vedados.

No es un debate que afecte sólo a Estados Unidos: a los europeos nos llegará tarde o temprano y habrá que decidir, antes de que sea tarde, en el eterno dilema entre seguridad y libertad; o, para ser más exactos: entre presunta seguridad y aparente libertad.

Por Alberto Piris. General de Artillería en la reserva

Fuente: CCS - Solidarios

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4.6.09

Mundo corrupto y criminalmente desigual

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Una reciente querella contra el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, denuncia que desvió ilícitamente 27 millones de dólares para blanquearlos con la compra de seis viviendas y tres plazas de garaje en España. Un informe del Senado de Estados Unidos indica que una cuenta de Guinea Ecuatorial en el banco Riggs ascendía a 700 millones de dólares por pagos de petróleo guineano y que el banco ayudó a Obiang a crear empresas-fantasma y abrir cuentas a su nombre y colocar parte de ese dinero.

Françoise Desset, juez decana de delitos financieros de París, ha admitido una denuncia de Transparencia Internacional, organización contra la corrupción que acusa a jefes de Estado africanos de enriquecimiento ilícito, abuso de confianza y apropiación de fondos públicos. Pide que se investiguen las fortunas acumuladas en Francia por Omar Bongo, presidente de Gabón, y Denis Sassou-Nguesso, presidente de República de Congo. Un informe de la policía francesa desvela que grandes viviendas de lujo en las zonas más caras de París, así como una flota de automóviles de lujo, son propiedad de esos presidentes.

Al otro lado del océano, Álvaro Colom, presidente de Guatemala, parece implicado en el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg. “Si ven este vídeo significa que he sido asesinado”, grabó este abogado guatemalteco, muerto hace poco. Rosenberg señala al presidente Colom y a otras personas como responsables de su muerte, relacionada con corrupción en el Banco de Desarrollo Agrícola, el segundo más grande de Guatemala.

En Oriente, el ex presidente surcoreano Roh Moo-hyun, implicado en una corrupción millonaria, se ha arrojado por un precipicio cerca de su domicilio.
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En Grecia, el primer ministro conservador, Costas Karamanlis, evitó convocar elecciones anticipadas al impedir por pocos votos que se levantara la inmunidad al diputado y ex ministro de su partido, Aristóteles Pavlides, acusado de exigir comisiones para conceder un servicio de transbordadores.

En España, la Fiscalía Anticorrupción ha experimentado un incremento espectacular del 100% en investigaciones por corrupción inmobiliaria, financiación ilegal de partidos, sobornos y estafas respecto al año anterior.

En Italia, el Tribunal de Milán ha condenado al abogado David Mills a cuatro años de cárcel por corrupción. Según la sentencia, Mills mintió a los jueces para proteger a Silvio Berlusconi, y le ayudó y también a Fininvest (consorcio mediático y financiero de Berlusconi) a burlar las leyes italianas. Berlusconi sobornó con 600.000 dólares al abogado británico y éste cometió “falso testimonio” para “proporcionar impunidad a Berlusconi y al grupo Fininvest”. El Tribunal considera probado que Mills permitió a Berlusconi “mantener ingentes beneficios” en paraísos fiscales y “burlar abiertamente” las leyes italianas de medios de comunicación.

Berlusconi se ha librado -de momento- por la ley Alfano (que garantiza inmunidad a cuatro altos cargos del Estado), que se apresuró a hacer aprobar con su mayoría absoluta cuando vio las cosas mal.

Y en 2007 y 2008, nos encontramos con los millonarios escándalos Enron, World Com y otros en Estados Unidos, más Eurostat en la Unión Europea. Y en Alemania, casi todas las grandes corporaciones empresariales (Siemens, Daimler Chrysler, Volkswagen, Scherin, BMW, Henkel y Degusta…) pasan por el banquillo de los acusados por cajas ocultas, dinero negro, sobornos, engaño organizado, chanchullos y manipulaciones contables.

Según Transparencia Internacional, el 60% de los países suspende en ausencia de corrupción y casi ochenta de las 180 naciones incluidas en su informe anual puntúan menos de tres en una escala de honradez política y económica de 0 a 10.

No es una cuestión académica. Como asegura Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional en España, “se mantiene la relación entre corrupción y pobreza”. Y en el informe de Transparencia encontramos: “En los países pobres, los niveles de corrupción significan la diferencia entre la vida o la muerte, si está en juego dinero para hospitales o agua potable. (…) Los altos niveles de corrupción y pobreza en muchas sociedades del mundo son un desastre humanitario intolerable”.

Cabe concluir que este mundo capitalista (aún neoliberal) es un mundo corrupto y criminalmente desigual.

Habrá que hacer algo.

Lo peor de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena, decía Ghandi. Y Martin Luther King añadía: “No me duelen los actos de la gente mala; me duele la indiferencia de la gente buena”.

Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor
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8.5.09

Crisis del homo oeconomicus

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La crisis del capitalismo financiero ha estallado, y los efectos derivados del crash golpearán, una vez más, a los más pobres. Durante los últimos treinta años, especuladores de levita, vinculados entre sí por hilos invisibles en una densa asociación diferencial, comenzaron a esgrimir como arma arrojadiza los términos de flexibilidad y de cultura de la empresa. Banqueros de pelo engominado, especialistas capaces de nadar en las aguas revueltas de las altas finanzas, empresarios bonitos, prestamistas, constructores, asesores de imagen, y políticos corruptos irrumpieron al unísono para proclamar la derrota del Estado social y, correlativamente, el triunfo de la sociedad civil.
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Estos émulos del Rey Midas adquirieron tal arte en opas hostiles, anexiones de empresas competidoras, recalificaciones de terrenos, y jugadas de póquer en la bolsa, que, muy pronto, vieron cómo se abrían ante ellos dos caminos por las que transitar: uno hacia el Olimpo de los triunfadores, otro, hacia la reclusión entre rejas. Los menos precavidos transitaron por los dos, pero aún conservan en las cajas fuertes de los paraísos fiscales gran parte de su pingüe patrimonio.

El triunfo del neoliberalismo no surgió de repente en las mentes de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Fue más bien fruto de un largo proceso de desarrollo del pensamiento económico en el que el valor de cambio fue sustituido por el valor de uso, la producción por el consumo, la teoría del valor-trabajo por la teoría subjetiva del valor.

Algunos profesores universitarios y economistas han separado sociología de economía como una operación necesaria para poder postular la existencia de una economía pura, al margen del espacio y del tiempo social. La especulación abstracta se convertía en el mejor escudo protector de la explotación de los trabajadores bajo el yugo del capital. Así fue como la economía política fue sustituida por la ciencia económica, es decir, por una economía sin trabajo y sin sociedad.

En numerosas intervenciones públicas el intelectual libertario Noam Chomsky sostuvo que el nacimiento de la edad de plomo, caracterizada por la centralidad del mercado, coincidió con el desmantelamiento, por parte de Estados Unidos, Inglaterra y otros países, a mediados de los años setenta del siglo XX, del sistema de Bretón Woods. Este sistema, surgido de la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial, fue creado a mediados de los años cuarenta para regular las tasas de intercambio y controlar los flujos del capital. La idea era atajar la especulación perniciosa a gran escala, y restringir la fuga de capitales.
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Bretón Woods estuvo vigente durante los denominados treinta años gloriosos. El ataque lanzado a finales de los años setenta contra el orden sociopolítico keynesiano por los amos del universo vino acompañado de un jaque a la democracia sustantiva, y a las instituciones públicas de propiedad social.

En el trasfondo de la economía de la oferta se encuentra una concepción mezquina de la naturaleza humana que ignora la ayuda mutua, la solidaridad, y supone, como subrayó Max Weber, una renuncia resignada a los ideales del humanismo de la Antigüedad clásica. Fue así como los bienes externos de este mundo lograron un poder creciente sobre los hombres y, al final, un poder irresistible, como no había sucedido nunca antes en la historia.

John Maynard Keynes se equivocaba al pronosticar una futura sociedad caracterizada por el ocio y enriquecimiento personal planteado en términos culturales. Afirmaba textualmente que el afán de dinero, solo por tenerlo, y no como medio para lograr los goces y realidades de la vida, será reconocido por lo que es, una morbidez. Los banqueros, los empresarios voraces, los jugadores de bolsa obsesivos son prácticamente equiparados por Keynes a los monomaníacos. El texto recuerda al Max Weber de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, en donde queda también demostrada la irracionalidad del espíritu del capitalista.

La crisis actual era una crisis anunciada por todos los que se cuestionaron la autorregulación del mercado. Ha llegado la hora de pensar en un nuevo tipo de sociedad, la hora de enterrar la utopía negativa del homo oeconomicus que desde hace siglos se ha convertido en la principal amenaza para la supervivencia del género humano.

Fernando Álvarez-Uría
Profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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1.5.09

Piratas y piratas

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Los piratas están de moda. Países ricos y asociaciones de derechos de autor han lanzado una intensa campaña contra el pirateo de películas y canciones; filmes y éxitos musicales que se copian bajo mano y se venden ilegalmente con pingües beneficios. También otros piratas, éstos somalíes y armados con Kalashnikov, atacan, abordan y secuestran barcos en el océano Índico para exigir cuantiosos rescates. Los gobiernos han enviado sus buques de guerra para hacer frente a los piratas y evitar sus abordajes.

Lejos del ánimo la menor simpatía por estos piratas, como por nadie que recurra a la violencia para lograr sus fines y ponga en peligro la vida, libertad e integridad de las personas. Ni por aquéllos. Pero tal vez deberíamos prestar atención a otros piratas más letales.

Desde hace años, empresas farmacéuticas transnacionales envían personal explorador a países empobrecidos con la saqueadora y depredadora misión de descubrir plantas, semillas, microorganismos, tratamientos y conocimientos populares y tradicionales de esos países, en Latinoamérica y Asia, así como técnicas curativas y terapias indígenas, para rapiñarlos y registrarlos sin encomendarse ni a dios ni al diablo, con la sacrosanta protección de la patente. Cees Hamelinck, profesor de la Universidad de Ámsterdam, denunció hace tiempo esta nueva piratería: “En muchos países pobres [el sector farmacéutico] saca partido de los conocimientos locales para fabricar medicamentos muy rentables, sin el consentimiento ni beneficio de los habitantes del lugar”.

Y así, expertos del Gobierno de India descubrieron que más de 5.000 “medicinas y tratamientos tradicionales” indios se estaban registrando en oficinas de patentes de todo el mundo por empresas o testaferros que nada tenían que ver con la India, su cultura, sus conocimientos o sus intereses. Ahora, India se ha convertido en el primer país que se enfrenta a la bio-piratería de grandes empresas farmacéuticas occidentales: ha elaborado una inmensa base de datos (La Biblioteca Digital del Conocimiento Tradicional) y declarado “propiedad pública” más de 200.000 tratamientos médicos de la cultura india para impedir que la industria farmacéutica robe esos conocimientos tradicionales con el viejo truco de patentarlos.

Las grandes transnacionales farmacéuticas han dejado maltrechos a los países empobrecidos por el elevado precio de sus medicamentos patentados y su beligerante actitud contra el esfuerzo de países emergentes para elaborar principios activos, medicamentos genéricos sin marca, mucho más baratos. Las organizaciones solidarias defensoras del derecho a la salud han denunciado que anualmente llegan a morir diecisiete millones de personas por no poder conseguir medicamentos contra infecciones respiratorias, malaria, sida, tuberculosis o enfermedades sexuales, debido a su alto precio.

La codiciosa belicosidad de las empresas farmacéuticas se traduce en una implacable presentación de demandas judiciales contra gobiernos de los países emergentes que intentan elaborar o importar medicamentos genéricos a precios razonables y asequibles para curar a sus ciudadanos. La presión internacional, fruto de protestas ciudadanas y de la acción de organizaciones como Oxfam y Médicos sin Fronteras, han conseguido que las empresas farmacéuticas retiren o pierdan demandas contra gobiernos como el de India, Filipinas y otros; demandas en las que realmente buscaban patentes de corso para vender sus caros fármacos y que se prohibieran los medicamentos genéricos baratos.

Pero la beligerancia farmacéutica no acaba ahí. Germán Velázquez, director del Programa Mundial de Medicamentos de la OMS, recomendó producir medicamentos genéricos y eliminar las patentes en el sector farmacéutico. Tal vez fuera casualidad, pero desde que el doctor Velázquez publicó su estudio ha recibido amenazas de muerte, ha sido agredido físicamente y acosado telefónicamente. Ahora se mueve con protección policial.

Casper Gutman, un gangster de modales exquisitos y palabra culta, personaje de El halcón maltés, de Dashiell Hammet, es capaz de incitar al asesinato para conseguir una valiosa figura de oro y piedras preciosas. Cuando se le pregunta qué derecho tiene sobre esa joya responde: “Un objeto de tal valor pertenece sin duda a quien lo consiga”. Ésa parece ser la filosofía del sector farmacéutico, blindado tras un injusto sistema de patentes: el conocimiento para quien se apropie de él. Según Noam Chomsky, “los derechos de propiedad intelectual no son más que protección del control que garantiza a las grandes corporaciones el derecho a cobrar precios de monopolio”.Y visto todo esto, ¿quién es más pirata?

Xavier Caño Tamayo

Periodista y escritor

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17.4.09

Naturaleza global

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Se agota el tiempo para nuestro planeta. El calentamiento global está llegando a unos límites de “no retorno”. Los expertos advierten que si la temperatura de la Tierra sigue aumentando habrá importantes consecuencias: miles de especies desaparecerán, subirá el nivel del mar y se inundarán zonas costeras y millones de personas sufrirán la escasez de agua y de alimentos. Un futuro que aún podemos cambiar. Está en nuestras manos.

Las emisiones de gases de efecto invernadero tendrán que tocar techo en el año 2020, según el climatólogo W.L. Hare, e ir reduciéndose poco a poco hasta que en el año 2050 lleguemos a tener los niveles de la década de los 90.
Desde el siglo XVIII, comienzos de la revolución industrial, la Tierra ha aumentado en casi un grado su temperatura. Y será inevitable, según el último informe del World Watch Institute sobre La situación del mundo 2009, que la temperatura aumenten en una o dos décimas a pesar de nuestros esfuerzos por reducir las emisiones de dióxido de carbono. Los científicos creen que los efectos del CO2 aún no han repercutido totalmente en la temperatura. Y si la tendencia no cambia en los próximos años, el informe advierte de que la temperatura global estará 4 ó 6 grados por encima de la actual a finales del siglo XXI.

El deshielo es la consecuencia más visible del aumento de la temperatura mundial. Las proyecciones anuncian que para finales de siglo, el hielo estival ártico estará casi desaparecido. Lo que provocará un cambio en el clima global ya que los polos y los hielos perpetuos son fundamentales para el equilibrio del clima, la temperatura y los ecosistemas. Además, desaparecerán las zonas costeras. Ciudades como Nueva York o Tokio, países como Bélgica, islas… quedarán sepultadas por el agua. Y a la vez que se producirán inundaciones, los caudales de los ríos descenderán y el agua será un bien escaso para millones de personas.
Al agua le seguirá la escasez de alimentos y los conflictos, armados o no, por unos recursos escasos, pero esenciales para la vida.

Las fábricas y la industria no son sólo los causantes del envío de CO2 a la atmósfera. Los cambios de uso del suelo, la ganadería y la quema de combustibles fósiles son fuentes principales del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. El aumento de la demanda de energía es otro factor importante del aumento de emisiones. Tan sólo la calefacción y la refrigeración de nuestros hogares y de nuestras oficinas representan casi el 50% de la demanda mundial de energía.

Este futuro poco esperanzador, no puede paralizarnos. El mundo está preparado técnica y económicamente para afrontar este desafío. Los economistas han estimado que el coste para evitar esta catástrofe sería de unos dos billones de dólares anuales durante las próximas décadas. A pesar de la cantidad de ceros de la cifra para la esperanza, los costes de no hacer nada son mucho más elevados.

Existen diez retos que la humanidad tendrá que afrontar para mantener el planeta Tierra como nuestro hogar: pensar a largo plazo y asumir las responsabilidad de nuestras acciones en el futuro; innovación, hay que invertir en nuevas tecnologías más limpias y apostar por las energías renovables; presión demográfica, el control de la población será fundamental para equilibrar las actividades humanas, la atmósfera y el clima; cambiar los estilos de vida, la calidad de vida no tiene que ver con el aumento del consumo, tener más coches, más casas, comer más…; cuidar la tierra, la naturaleza, los árboles, los bosques, la vegetación… son fundamentales en la absorción de dióxido de carbono; instituciones fuertes, para que los pactos asumidos se cumplan; equidad, es necesario un pacto justo y sostenible para que nadie vea su desarrollo mermado; estabilidad económica, las dificultades económicas no pueden ser la excusa para que no se presten los apoyos necesarios a un cambio en la estrategia global sobre el desarrollo y el clima; estabilidad política, la seguridad no debe ser tampoco un elemento desestabilizador de la cooperación mundial para conseguir una estrategia común; y movilización social, aunándonos en una misma dirección para lograr cambiar la tendencia de destrucción por una de sostenibilidad y desarrollo global.

Ana Muñoz
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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27.3.09

Fútbol, hijos y esposa; en ese orden



“He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol, coches rápidos, y fiestas, y el resto simplemente lo he desperdiciado”. Así se despachaba el inglés George Best, uno de los mejores futbolistas de la historia. El mítico delantero reconocía con cierta ironía cuál era el destino de sus ingresos económicos.
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Si repasamos las facturas particulares de sus homólogos de hoy, observaremos que no difieren mucho en cuanto a los artículos adquiridos o “alquilados”.

Tras caer derrotado el Real Madrid en un partido de liga, un periodista deportivo abordó a Ronaldo a la entrada a los vestuarios solicitándole un análisis del encuentro y de las causas del resultado. El astro brasileño se limitó a responder: “perdimos porque no ganamos”. Su colega inglés Mark Drapper afirmó en cierta ocasión que le gustaría jugar en un equipo italiano, “como el Barcelona”. Un elemental examen a un futbolista sobre nociones de geografía y de historia de los países en los que juegan, pondría de manifiesto el tiempo que dedican a la cultura y al conocimiento. El entrenador del Bayern de Munich, Jurgen Klisnmann, ha intentado habilitar en una zona aledaña a los campos de entrenamiento del Bayern un recinto para que sus jugadores puedan aprender idiomas o técnicas de relajación.

El deporte de élite, y especialmente el fútbol, posee una fuerza unificadora de la sociedad inigualable. Un equipo de una ciudad puede aglutinar en sus gradas a comunistas, fascistas, musulmanes, judíos, chinos y caucásicos. El deporte rey es el gran consuelo para muchos de los pobres y oprimidos del planeta, y sus protagonistas, los futbolistas, auténticos gladiadores de la modernidad, son espejos en los que se miran millones de jóvenes intentando copiar hasta el más mínimo detalle.
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El diario inglés The Sun, realizó una investigación para encontrar a algún ciudadano del planeta que no conociera a David Beckham. Al parecer, tan sólo después de varios meses de búsqueda encontraron a un pastor de cabras en Chad para quién ese nombre no sonaba a nada. Estoy seguro que no hacía falta llegar tan lejos para encontrarnos con un neófito en el fútbol de tal calibre, pero lo cierto, y quizá sobre lo que quería incidir The Sun, es en el hecho de que el fútbol ha adquirido una dimensión planetaria. Es una de los ejemplos más significativos de la globalización actual.
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Son escasos los equipos europeos que no lucen publicidad en sus camisetas, o que no gastan sumas millonarias en traer a futbolistas imberbes desde países en vías de desarrollo. Los presidentes de los equipos de fútbol de hoy llegan al palco a base de talonario, comprando acciones de las empresas-clubes, como si de la compra de un yate o una finca se tratase.

Por todo ello la responsabilidad social del futbolista supera en algunos casos a la de los educadores, los padres, o el estado. Quien asiste a un estadio de fútbol, o enciende el televisor para ver un partido, lo hace más con la pretensión de seguir a un jugador concreto que para ver a su equipo. Los colores de su corazón son los de la camiseta que porte su ídolo. Ante tal perspectiva es razonable intentar que el futbolista encarne algún valor social positivo aparte de golpear bien a la pelota.

En un partido reciente del Manchester United en Old Trafford, un cartel de un aficionado inglés contenía la leyenda “Manchester United, hijos, esposa: en ese orden”. La gracia de la frase no debiera ser tanta si tenemos en cuenta que es muy probable que así lo sintiera realmente el que sujeto que la ideó. Como él millones de personas. El fútbol profesional y quienes lo practican pueden ejercer un efecto sobre la sociedad superior al de convenciones internacionales. Ver a Messi con un libro en la mano, induciría a millones de jóvenes a leer. Un abrazo entre un futbolista árabe y uno judío sentaría ejemplo para el diálogo.

Iván González Alonso
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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20.3.09

Españoles moriscos expulsados de su patria hace 400 años



Ante el cuarto centenario de la expulsión de cientos de miles de españoles en 1609 por el católico rey Felipe III, por ser moriscos, la España oficial y académica se resiste a conmemorarlo. Y eran tan españoles como el resto de valencianos, alicantinos, catalanes, castellanos, gallegos o andaluces. Muchas de esas familias llevaban centenares de años viviendo en la península contribuyendo a su historia.

Pedro de Valencia denunciaba “el agravio que se les hace al privarlos de sus tierras y no tratarlos con igualdad de honra y estimación con los demás ciudadanos… que todos son hermanos de un linaje y de una sangre”, citado por Juan Goytisolo en una lúcida reflexión.

Algunos sostienen que no es patriótico evocar episodios embarazosos de nuestra historia porque contribuimos a una supuesta “leyenda negra”. Que la ropa sucia se lava en casa. ¿Acaso no formaban ellos parte de nuestra familia? Pues es saludable y propio de mentes bien estructuradas asumir nuestro pasado con todas sus consecuencias. Para aprender nosotros y para comprender a quiénes hemos maltratado y reparar el daño cometido.

Sostiene Goytisolo que lo sucedido de 1609 constituye el primer precedente europeo de las limpiezas étnicas del pasado siglo.

Las medidas “profilácticas” recetadas por el duque de Lerma, con el apoyo decisivo de la jerarquía eclesiástica, fueron objeto de un debate cuyas etapas recuerda: 1499, conversión forzosa de los granadinos por el cardenal Cisneros; 1501-02, pragmática del mismo dando a elegir a los musulmanes del reino de Castilla entre el exilio y la conversión: los mudéjares pasaron a ser así, simplemente, moriscos; 1516, se les fuerza a abandonar su vestimenta y costumbres; 1525-26, conversión por edicto de los de Aragón y Valencia; 1562, una junta compuesta de eclesiásticos, juristas y miembros del Santo Oficio prohíbe a los granadinos el uso de la lengua árabe; 1569-70, rebelión de la Alpujarra y guerras de Granada...

A partir del aplastamiento de los moriscos, la política de Felipe II consistió en dispersar a los granadinos y en reasentarlos en Castilla, Murcia y Extremadura, lejos de las costas meridionales y de las posibles incursiones turcas.

Si la injusta expulsión de los judíos por los Reyes Católicos ha sido objeto de estudio y desagravio, no ha sucedido así con la expulsión de los españoles de origen árabe, convertidos al catolicismo y despojados de su dignidad y de sus bienes.

Estamos rescatando nuestro tercio árabe-musulmán, junto al judeo-cristiano y al greco latino. Hemos vivido amputados durante más de cinco siglos de una parte fundamental de nuestro ser, por culpa de la ideología católico absolutista que, aún en estos días, actúa con una prepotencia y desprecio de la razón y de los derechos fundamentales.

Resalta nuestro autor que algunos se oponían a la expulsión y proponían la asimilación gradual, pero los elementos más intransigentes del episcopado sostenían propuestas más contundentes: la esclavitud, el exterminio colectivo o la castración de todos los varones y su deportación a la isla de Terranova. Y cuenta este dato escalofriante: “Al destierro a la más cercana orilla africana, sostenido por la mayoría de los miembros del Consejo de Estado, un santo obispo opuso una argumentación impecable: puesto que el llegar a Argel o a Marruecos, los moriscos renegarían de la fe cristiana, lo más caritativo sería embarcarles en naves desfondadas a fin de que naufragaran durante el trayecto y salvaran sus almas”.

En el debate se impuso la tesis de que la expulsión cerraba el vergonzoso paréntesis abierto por la invasión de 711: España sería católica sin excepción alguna. Identificaron ser español con ser católico, monstruosidad que el Rabí Jesús jamás hubiera aceptado. Y que continúa animando a los trabucaires obispos actuales.

El peligro del crecimiento de la población morisca en contraste con la de la de los cristianos viejos en razón del celibato eclesiástico, las monjas, las guerras de Flandes y la emigración a América es similar a la argumentación actual de los ultras de la identidad europea. Eunucos desde casi veinte siglos imponen su totalitarista idea de la familia a la que ellos no contribuyen por impotencia, codicia de bienes económicos y ansia de poder.

Las condiciones brutales de la expulsión y las matanzas llevadas a cabo de quienes huían fueron acogidas con tristeza y compasión por una minoría pensante, y con clamores de odio y venganza por otros. Por eso no se explica que en la España moderna y cultivada no conmemoremos la ignominia de ese destierro colectivo ordenado por el favorito de Felipe III, en 1614, a pesar de estar asimilados y tomemos conciencia de la prepotencia de obispos similares en la vida social de la España actual.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS
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11.3.09

La amenaza del totalitarismo invertido



Sheldon Wolin, profesor emérito de Princeton, analiza una degeneración del sistema democrático. El totalitarismo invertido. Y asegura que busca anestesiar a los ciudadanos desde el poder para mantenerlos en estado permanente de irresponsabilidad y que la democracia se disuelva, reducido el papel ciudadano a votar cada cuatro años en espectáculo mediático.

Ese totalitarismo invertido es democracia nominal, democracia sin ciudadanos. Dice Wolin que el totalitarismo invertido busca "moldear el apoyo de los ciudadanos, pero no dejarles gobernar". Quiere ciudadanos atemorizados, sin conciencia social ni política, contra la política.

Que se muevan por emociones e impresiones, no por razones y juicios. Ciudadanos desmovilizados que dejan campo libre a la clase política para que haga lo que le dé la gana.

Una muestra de totalitarismo invertido se vio en el proceso de ratificación de la Constitución de la Unión Europea. Franceses, holandeses e irlandeses dijeron ‘no’ en los referendos de ratificación, pero los datos indicaban que los diputados holandeses la hubieran aprobado por amplísima mayoría. Y lo mismo los franceses. Los mandatarios de otros países europeos ni siquiera convocaron referendos. No querían que los ciudadanos decidieran.

El totalitarismo invertido es infantilización de los ciudadanos para que sean manipulables, vulnerables. A ello contribuyen los medios de comunicación, que no informan con objetividad y a menudo ni siquiera informan. El cuarto poder desapareció, absorbido por el poder económico a cuyo servicio está. Los medios banalizan, distorsionan y, sobre todo, ocultan. Y, cuando lo consideran necesario, falsean.

El programa Censura de la universidad californiana de Sonoma expone anualmente cuestiones, temas y problemas que los grandes medios informativos estadounidenses apenas tratan u ocultan. Lo que afecta a la mayoría de ciudadanos se escamotea y se informa más sobre los pequeños robos de la actriz Winona Ryder o cualquier frivolidad irrelevante que de lo que ocurre en Afganistán o Irak.

El progresivo empobrecimiento de la clase trabajadora estadounidense y las violaciones del Gobierno de Estados Unidos de los tratados internacionales que ha firmado no existen. Como escribió Eduardo Haro Tecglen, “el tumulto de la información dirigida y ocultada aleja a los ciudadanos del conocimiento de la realidad”. Y ese desconocimiento los hace vulnerables, manipulables.

El catedrático Juan Torres ha escrito sobre esa ocultación de la verdad por los medios: “En Venezuela se ha aprobado por referendo que quien quiera sea Presidente pueda presentarse a reelección ilimitadamente. Los medios informativos occidentales dicen que eso muestra que Chávez es un dictador y que en Venezuela no hay democracia. Ocultan que, para ser Presidente, Chávez (o quien sea) tendrá que ganar las elecciones en las que habrá (como ha ocurrido hasta ahora) cientos de observadores internacionales”.

Tal vez porque interesa que los ciudadanos sean manipulables, la editorial rusa Atticus ha cancelado la publicación de Los que susurran, obra del historiador británico Orlando Figes, con tremendos testimonios de supervivientes de la represión estalinista. El autor y numerosos amigos rusos creen que ha habido censura del Kremlin. Porque la clase dirigente rusa (con Putin al frente) quiere hacer bueno a Stalin y que se ignore que fue un genocida.

La otra base del vaciado de la democracia es recortar derechos de los ciudadanos. Desde 2001, el terrorismo ha sido pretexto para un recorte incesante de derechos. Encarcelamiento sin juicio, ausencia de protección judicial, detenciones incontroladas, violación de la intimidad…

Si se viola el derecho a la vida, a la libertad, a no ser torturado ni sufrir tratos crueles o degradantes, a no ser detenido ni preso arbitrariamente, a que haya presunción de inocencia, a ser juzgado con garantías... el sistema democrático se convierte en decorado. Pero los datos confirman que la seguridad no ha aumentado, pero sí han retrocedido las libertades.

Además de elecciones, en una verdadera democracia hay control y límite al poder para que derechos y libertades sean respetados. Por eso los recortes de derechos nos acercan al totalitarismo, aunque sea invertido.

Vittorio Zucconi, director del diario La Repubblica, ha escrito: “Sólo en los resúmenes escolares la Historia avanza en porciones definidas. Alemania no se volvió nazi en un mes. Italia no fue fascista de la noche al día. Te das cuenta de aquello en que te has convertido, ley tras ley, decreto tras decreto, concesión tras concesión. Y entonces ya es tarde para volver atrás.”

Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor

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4.3.09

La filosofía puede ayudarnos


Paul Krugman, premio Nóbel de economía 2008 y uno de los más agudos críticos de la evolución de la economía mundial, escribió recientemente en un editorial de The New York Times que los próximos tres a cuatro meses serán posiblemente los más importantes de toda la historia de Estados Unidos. Yo añadiría que tal vez los más importantes para el futuro de toda la humanidad. Es el momento de definir el curso de las cosas.
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De repente, la humanidad se ve ante la pregunta que tuvo una enorme resonancia en el Foro Social Mundial de Belém: “¿cómo construir una sociedad en la cual todos podamos vivir juntos, naturaleza incluida, en este pequeño y ya viejo planeta?”.

La cuestión es demasiado grave para dejarla únicamente en manos de los economistas. En lo que afecta a todos, todos tienen derecho a manifestarse y ayudar a decidir.

En los medios intelectuales crece la convicción de que el paradigma de la modernidad occidental, hoy globalizado, ha entrado en crisis por agotamiento propio y por efecto de la implosión. Es semejante a un árbol que ha llegado a su clímax y entonces cae fatalmente por haber agotado su energía vital. Así, digamos su nombre, el capitalismo ha alcanzado su fin en un doble sentido: fin como realización de sus virtualidades y fin como término final y muerte.

Lógicamente si seguimos las discusiones internas de los grupos organizados por la ONU -con nombres notables como Stiglitz, premio Nóbel de economía, y otros- para pensar alternativas a la crisis, nos damos cuenta de la perplejidad general. La tendencia es a reanimar a un moribundo con el neo-keynesianismo, forma suave del neoliberalismo, con una presencia más orgánica del Estado en la economía. Otros intentan la vía del ecosocialismo muy presente en el FSM de Belém.
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Es una opción prometedora, pero todavía no ha dado, a mi modo de ver, el giro completo que implica una nueva concepción de la Tierra como Gaia y la superación del antropocentrismo, confiriendo también ciudadanía a la naturaleza. Quieren, con razón, un desarrollo ecológicamente respetuoso de la naturaleza, pero todavía en el marco del desarrollo.

Ahora bien, ya conocemos la lógica voraz del desarrollo. O mejor, necesitamos más una retirada sostenible que un desarrollo sostenible. Sería el comienzo de la realización del ecosocialismo.

Es decir, con los recursos técnicos, financieros y con la infraestructura material creada por la globalización, tendríamos posibilidades de socializar un modo de vida sostenible para todos.
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La Tierra, puesta en descanso sabático, podría auto regenerarse y sostenernos a todos. Viviríamos más, con menos. Pero, como somos culturalmente bárbaros y éticamente sin piedad, no estamos tomando esta decisión política. Preferimos tolerar que mueran millones antes que cambiar de rumbo. Y así, gayamente, continuamos consumiendo sin conciencia de que bien pronto, por delante, nos espera un abismo.

Podemos y merecemos un destino mejor. Éste no sólo es posible, sino necesario. Y es aquí donde los filósofos pueden ayudarnos. Hace decenas de años muchos de ellos vienen afirmando que la excesiva utilización de la razón en función del lucro y de la mercantilización de todo, a costa del saqueo de la Tierra, nos ha llevado a la crisis actual.
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Para recuperar la salud de la razón necesitamos enriquecerla con la razón sensible, estética y cordial, en la cual se fundamenta la ética, y con una visión solidaria de la vida. Es lo que más se adecua a la nueva fase del encuentro de culturas y de unificación de la historia humana. O proseguiremos por un camino trágico y sin retorno.

Leonardo Boff
Teólogo, filósofo y escritor
http://servicioskoinonia.org/


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23.2.09

Refundar el capitalismo


“El mercado no da medicamentos, ni seguridad, ni paz”, manifestó Amartya Sen en un acto ante cientos de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid. El Premio Nobel de Economía analizó las causas de la crisis actual y ofreció alternativas para la posible solución. Según el profesor, el capitalismo aún no ha muerto.

Al finalizar la II Guerra Mundial, el capitalismo y sus instituciones, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), consiguieron levantar una economía devastada por la guerra, dinamizar los mercados y crear puestos de trabajo. Sin embargo, el capitalismo necesita ser refundado hoy día, explica. La crisis global que vivimos pone de manifiesto la necesidad de cambios.

El sistema actual de obtener el máximo de beneficios, de tener más dinero, más propiedades, acumular… no ha dado el resultado esperado. El capitalismo así entendido parece que ha llegado a su fin. La competitividad de los mercados y los individuos tiene que dar paso a otro tipo de relación.

Para Amartya Sen, la solución pasa por tener relaciones de cooperación. Los beneficios, los ingresos y las ganancias tienen que ir acompañadas de beneficios sociales para todos los ciudadanos. Los beneficios tienen que dejar de ser el indicador de si la economía va o no bien. “Hay que pensar más allá de la mera rentabilidad”, explica el Nobel, creador del Índice de Desarrollo Humano que elabora cada año el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Autores clásicos como Adam Smith, ya hablaban de los peligros del mercado, de la ley de oferta y demanda sin control. Para el premio Nobel, nuestra actual crisis económica tiene que ver también con la falta de instituciones de control de los mercados. Considera fundamental la existencia de unos sistemas y valores que ayuden al control y a evitar las grandes desigualdades que hoy existen, donde un 20% controla el 80% de las riquezas del planeta.

Muchas voces críticas denuncian que la globalización ha tenido mucho que ver en la hecatombe económica. El profesor Sen, sin embargo, está a favor de la globalización. “No quiero excluirme, no quiero pertenecer a unas fronteras”, explica. La globalización de los conocimientos, de los productos, de las ideas, de los debates, de la información ha sido una gran revolución y ha hecho que el mundo vea un futuro esperanzador.
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Hoy, en cualquier parte del mundo puedes conocer lo que ocurre en tu barrio. La globalización ha ayudado a que pensemos en el otro, ha permitido que conozcamos otras realidades y que no podamos decir que “eso yo no lo sabía”. Sin embargo, las desigualdades, la pobreza y las injusticias han aumentado.

El profesor lo explica con la falta de control y de la titularidad de la globalización. Para él, es fundamental crear instituciones fuertes que puedan disminuir las desigualdades y hagan un reparto más justo de las riquezas.

“El nuevo mundo requiere mucho más que capitalismo y mercado, hay que encontrar la combinación de instituciones de mercado e instituciones no mercantiles e impulsar la igualdad y los valores”, dice Sen. Y la crisis, dice, es una oportunidad para realizar los cambios necesarios para construir un futuro mejor.

Confianza, valores, mercado e instituciones de control es la receta para un buen plato para el mundo.

Ana Muñoz
Periodista
ccs@solidarios.org.es

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15.2.09

Una adolescencia ilimitada



Nuestros jóvenes no son unos cretinos. Si nos fijamos bien descubrimos en ellos nuestro propio reflejo, no sólo físico, sino también cultural. Han heredado la sociedad que les hemos dado, son más libres, más tolerantes, más seguros de su capacidad y competencia.

Pese a que la supervivencia parece exigirles la adaptabilidad de la ameba, puede que muchos de ellos echen en falta valores e ideales que estructuren su futuro y dé más sentido a sus vidas, resume al final de su trabajo La infancia más corta, la adolescencia más larga, José Luis Barbería comentando el Séptimo estudio Juventud en España 2008.

Este Informe se realiza cada cuatro años y a partir de 5.000 encuestas a chicos entre los 15 y los 29 años, e indica que están bien adaptados a las normas del mundo adulto e incluso que se inclinan por un mayor civismo. Los jóvenes españoles son los más remisos de la Unión Europea a abandonar el nido familiar. El respaldo económico y afectivo de los padres, la falta de ayudas públicas, el exorbitado precio de la vivienda y la precariedad laboral lo explican.

Mientras la infancia se acorta por la imposibilidad de preservar a los niños de las informaciones adultas que circulan por las pantallas y medios de comunicación, la adolescencia se prolonga sin límites precisos. Eso cuando no se apresuran a independizarse, viven algunos meses o años en pareja y luego regresan a casa de los padres como si no hubiera ocurrido nada y como si tuvieran un derecho de asilo permanente. O cuando continúan “morando” en la casa, viajan en vacaciones, se compran su ropa, frecuentan algún club y se reúnen con sus amigos.

Eso sí, la ropa hay que lavársela y planchársela como a ellos les gusta, se pueden volver exquisitos en sus exigencias y por supuesto la nevera tiene que estar surtida para cuando lleguen a cualquier hora.A pesar del aumento de los divorcios y de las familias monoparentales, las encuestas muestran que, en España, los jóvenes aman a su familia por encima de todas las cosas. La aman tanto que nuestros hijos son los europeos que más tardan en emanciparse.

El 51% de los chicos y el 50% de las chicas con ingresos suficientes como para poder independizarse optan, sin embargo, por permanecer en casa de sus padres, cuando en Francia esos porcentajes se reducen al 37% y el 33%, respectivamente. Los estudios de la OCDE y de Eurostat confirman que la posición de los jóvenes europeos en el mercado laboral ha empeorado desde 1995 y que ese deterioro es más acusado en los países del sur del continente, debido a la mayor temporalidad y precariedad salarial. Se entiende, pues, que con lo duras que están las cosas, nuestros hijos, particularmente los de clase media y alta, se lo piensen antes de abandonar el hogar.

Por lo general, han crecido sin estrecheces, más conscientes de sus derechos que de sus obligaciones. Tienen muchas posibilidades de alcanzar los cien años de edad en buen estado, registran la menor tasa de suicidio de toda Europa y tampoco hay motivos para alarmarse por los estragos que puedan causarles el abuso del alcohol y otras drogas. Las últimas encuestas certifican el descenso del consumo de estupefacientes ilegales y la disminución de las enfermedades de transmisión sexual y de sida.

Nuestros jóvenes están sujetos a clamorosas contradicciones. Tienen su pedestal en casa, pero forman parte de lo que se ha dado en llamar la ‘generación en prácticas’. Viven en un mundo donde el consumo está idealizado como forma de realización personal y social, y resulta que están atacados por los riesgos e incertidumbres laborales de la globalización.

También alcanza la frustración laboral a muchos universitarios que ejercen tareas distintas y menos cualificadas a las de su formación. Esto explica que un número creciente de jóvenes haya renunciado a la universidad en los últimos años y se dirijan hacia Formación Profesional con más salidas y mejor pagadas.

Quedarse en casa responde a una estrategia pragmática que permite a los jóvenes seguir formándose, rechazar los malos trabajos y elegir el momento de la emancipación. No tienen prisa porque tienen las necesidades básicas cubiertas y el horizonte de crisis económica y laboral ya lo presentían desde hace tiempo.


Por José Carlos García Fajardo

Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS

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15.1.09

Adolescencia en expansión



Los nuevos modelos educativos preparan a los niños para el triunfo, pero nunca para los fracasos. Por eso luego no resisten las frustraciones de la vida.


Millones de niños en todo el mundo encuentran su casa sola cuando vuelven del colegio. Se trata de los “niños de la llave”, un fenómeno de las economías desarrolladas que se han extendido a muchos países emergentes por los nuevos modelos sociales, familiares y laborales.
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Durante los años ‘40, miles de padres de familia en Estados Unidos se marcharon de casa para ir a la guerra. Las madres que abandonaban el hogar para trabajar y sostener a la familia colgaban del cuello de sus hijos una llave para que pudieran entrar en su casa cuando no había nadie. Algunas incluso volvían a casa para meter a sus hijos en la cama, cerrar con llave y volver a la fábrica para el turno de la noche.
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A los pocos meses, se pusieron en marcha programas que juntaban a los niños en las fábricas, en los colegios y en centros comunitarios para realizar distintas actividades. Terminó la guerra y la mayoría de esas madres volvieron a sus casas para que todo fuera como antes.
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El fenómeno de los ‘niños de la llave’ ha resurgido y se extiende en el mundo. En la actualidad, se calcula que hay casi 400.000 ‘niños de la llave’ en España. En Estados Unidos, la cifra alcanza los seis millones de niños entre cinco y trece años de edad, según la organización Children’s Defense Fund.
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Cuando llegan a casa, los niños no encuentran a sus padres, pero sí la televisión, los videojuegos y las computadoras. También encuentran muchas veces comidas poco saludables, o se dirigen con las pocas monedas que tengan a la tienda de la esquina para comprar dulces y golosinas.
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Los ‘niños de la llave’ configuran una generación de niños obesos con problemas de diabetes no sólo en los países desarrollados, sino en países donde cuesta menos un litro de Coca Cola que un litro de leche. Además de que pocas de esas tiendas venden frutas y comidas equilibradas, los niños obedecen a su fascinación por las comidas hipercalóricas si nadie les ayuda a llevar una dieta saludable.
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Los niños combinan el ‘chute’ de azúcar con el de violencia que encuentran en la comodidad de su hogar. Los Gobiernos se encuentran cada vez más impotentes al intentar regular los contenidos televisivos, que obedecen más que nunca a criterios publicitarios. Los medios de comunicación han encontrado en los niños un jugoso nicho de mercado al que bombardear con mensajes para crear ansiedad. Cuentan con la complicidad de unos padres que comprarán lo que sea para tapar sus sentimientos de culpa por no pasar más tiempo con sus hijos.
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Se extienden en el mundo las agresiones de padres a profesores por haber “gritado” a sus hijos. También las agresiones de hijos a padres, como la de un niño español que le lanzó un zapato a su madre, que lo regañaba por no hacer la tarea. A diferencia del periodista iraquí que intentó darle al presidente Bush, acertó. La madre le dio una bofetada, el niño perdió el equilibrio y se golpeó la nariz en el lavabo. La mujer cumple una condena de 45 días en la cárcel y tendrá que permanecer alejada de su hijo durante año y medio.
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Algunos padres se reservan el derecho absoluto de educar a su gusto y pretenden excluir al Estado del proceso, como si los valores cívicos fueran competencia exclusiva de cada padre y no de la comunidad con la que tendrán que convivir. Se extienden nuevas teorías pedagógicas donde el niño debe ser el centro de atención, donde nada se les debe imponer, donde deben “participar”.
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Sesiones de estimulación temprana, juguetes interactivos y entornos donde nunca cesan la diversión y la actividad. Quizá el problema radique en que los niños dejan muy pronto de ser niños para entrar en una adolescencia que se extiende en el tiempo. Hoy llenan de actividades a sus hijos para que sean “los mejores”, “los más inteligentes”.
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En el fondo, los nuevos modelos educativos esconden un individualismo que prepara a los hijos para triunfar, pero nunca para el fracaso. Así, los jóvenes no podrán resistir la frustración, compañera de vida de cualquier ser humano en formación.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista
ccs@solidarios.org.es



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7.1.09

La esperanza está en el camino

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"Este camino tal vez no conduzca a ninguna parte, pero alguien viene por él", escribe el autor sueco Lars Norén.
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Quizás sea esta la actitud que deba presidir nuestro caminar, casi a ciegas y sin disponer de referentes de confianza. Pero la meta es el mismo camino. No importa tanto adónde vamos sino cómo vamos, y que no nos lleven.
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En la sociedad de la información padecemos un bombardeo de imputs difíciles de procesar. Como hace años leí en un graffiti, “ahora que sabíamos las respuestas, nos han cambiado las preguntas”.
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Esta sensación de inseguridad provoca desaliento, evasión irresponsable o la entrega a ideologías para no pensar, para no tomar decisiones. Ese ha sido el consuelo de los débiles para poder seguir viviendo, aún a riesgo de abdicar de la libertad y de zafarse del cumplimiento de los derechos universales para todos. Derechos humanos, políticos y sociales.
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Las ideologías han explotado el miedo a la libertad y a la responsabilidad de las personas. Al explotar ese miedo a la soledad, inventaron dioses inhumanos, implacables que infundían pavor, salvo que el individuo se sometiese a los dictados de sus eunucos con la promesa de una vida eterna y absurda.
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Otras religiones comenzaron apoyando los sentimientos de humanidad y de solidaridad naturales para convertir luego a sus adeptos en hormigas de un hormiguero, en seres domesticados y sin personalidad capaces de negar las realidades más cercanas.
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Otras ideologías partieron de la falsa premisa de que el ser humano es malo por naturaleza y de que sólo busca su propio bien, aún a costa de hacer de los otros seres objetos de su poder, de su codicia y de su voluntad. Sostenían que lo hacían en nombre del “pueblo”, de una etnia o raza, de una clase social, o de la misma “humanidad” elevada a categoría.
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Los dioses habitaron las lagunas de nuestra ignorancia y sus secuaces obligaron a postrarse y a obedecer bajo castigos. No sólo en un inventado más allá, sino en el presente mediante el temor y la ignorancia. Aún sirviéndose de la tortura, de la privación de la libertad, de la exclusión social y de la pena de muerte.
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Parece increíble pero el número de países en los que está legalizada la pena de muerte es estremecedor. Las mismas religiones, pretendidamente reveladas, la mantienen “por causa de la maldad del hombre”. Conculcan el “no matarás” de sus fundadores, pero ellos no vacilaron en practicarla siempre que les convino.
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Esta es la historia de la inmensa mayoría de las tradiciones religiosas y de los regímenes políticos autoritarios, tiránicos, despóticos y totalitarios. Ese totalitarismo y ese despotismo absolutistas han derivado hacia sistemas, modelos de desarrollo, paraísos fiscales, mafias financieras transnacionales y guerras de invasión y de conquista, pretendidamente “liberadoras y restauradoras de la democracia”. ¿De qué democracia?
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Parece increíble que estemos viviendo el escándalo de las guerras, de las ventas de armas, de la corrupción, del blanqueo de dinero procedente del crimen organizado, de la explotación de las riquezas de los países empobrecidos, de la trata de seres humanos como objetos de comercio o de consumo.
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Espanta la naturalidad con la que se acepta la existencia de miles de millones de personas que padecen hambre, enfermedades curables, incultura, explotación, falta de viviendas, guerras, deportaciones en masa, maltrato por razón de género, de creencias o de tradiciones culturales, prostitución, trabajo infantil y de mujeres más propio de la esclavitud que de mentes racionales.
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Las alarmas han sonado sobre el cambio climático, la contaminación de la tierra, del aire y de los mares pero intereses de poderosas minorías lo niegan o demonizan. Se niega la evidencia, como se han negado los derechos humanos universales.
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Nos acusarán de catastrofistas, pero como decía Galileo a los cardenales que lo condenaban, “miren por el telescopio, no les pido que me crean me basta con que miren”. Y se negaron como los poderosos de hoy atentan contra los derechos humanos para todos.
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Mientras el panorama social, político y económico no sea transformado desde dentro por la razón y la justicia, caminaremos por un camino para el que sólo hemos traído billete de ida.
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Pero alguien viene, otros seres humanos oprimidos vienen al encuentro para el despertar y la concordia. O los acogemos y actuamos como comunidad cosmopolita y solidaria o seremos destruidos por nuestros errores y por nuestra ceguera.
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José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS
fajardoccs@solidarios.org.es

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1.1.09

Jóvenes enchufados



Los adolescentes viven pegados a sus teléfonos portátiles, están pendientes de los mensajes de correo electrónico, de conectarse al Messenger o de actualizar su perfil en Tuenti o Facebook. Las nuevas tecnologías calan hondo en la sociedad, sobre todo entre los más jóvenes.
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Un ochenta por ciento de los niños entre diez y dieciséis años tiene un teléfono móvil de última generación, el 44% dedica entre una y dos horas al día a usarlo y el gasto medio por niño se eleva a 42 euros al mes. Son los datos que se desprenden del informe “La telefonía móvil en la infancia y la adolescencia”.
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Las formas de relación se modifican junto con la comunicación grupal de los jóvenes. Es una realidad patente en los hogares, comprobable día a día, y se puede decir que es una adicción que provoca dependencia.

Los jóvenes vivimos rodeados de tecnología, contamos con ordenador, cámara digital, iPod, consolas y múltiples aparatos que llenan las habitaciones y centran la atención para monopolizar el tiempo de uso. Una vez descubiertas las múltiples posibilidades de la tecnología, llegan los últimos modelos.

Hoy es fácil para los jóvenes tener teléfonos, pues son sus padres quienes pagan de forma directa o indirecta las recargas de saldo o facturas. Resulta inquietante que los padres prefieran que sus hijos tengan portátiles para controlarlos que buscar otras vías de comunicación.

Los teléfonos móviles ofrecen a sus usuarios libertad, independencia y facilidad de comunicación. Estas libertades pueden llegar a convertirse en dependencia. Si se analizan casos de adicción, se comprueban ejemplos de agresividad, mal humor, aislamiento, fracaso en los estudios y alejamiento de la familia que manifiestan los “adictos al móvil”.

Una cuestión que les facilita a los jóvenes el acceso a los móviles es el acceso que tienen para conseguirlos. La mayoría lo consigue a los 11 años, cuando está recomendado que no lo tengan hasta los 16. Cada vez es más habitual que niños de nueve o diez años tengan su propio móvil y que caigan en adicción.

Los padres suelen regalar móviles a los hijos a una edad temprana porque se sienten más seguros. Esto se transmite y por ello los adolescentes sienten cada vez más la necesidad de llevar un móvil consigo a todas horas, aunque no con los mismos fines que sus padres.

Atrás quedaron los típicos regalos que se hacían en la Primera Comunión. La nueva generación vive conectada, está en contacto con la tecnología casi desde la cuna: vídeos, walkman, Internet, videojuegos, reproductores de CD. Sin embargo, es importante que los padres sepan que no estamos ante un simple juguete.

Es paradójico el hecho de que un aparato tecnológico que proporciona independencia cree tanta adicción entre la población adolescente. Tanto el móvil, como Internet, han demostrado que hemos dejado de mantener una comunicación personal con aquellas personas que vemos a diario para sumergirnos en una realidad virtual.

Vivimos enchufados a un mundo virtual. Si nos quitamos los cascos, si apagamos el móvil, podemos darnos cuenta de que hay un mundo más allá del SMS.

Karla Alejandra Rojas Amijos
Periodista
ccs@solidarios.org.es

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13.12.08

Neocolonialismo en países empobrecidos



La FAO alerta del neocolonialismo de tierras en los países del Sur por especuladores con materias primas y alimentos.

Es un loco rally de países emergentes y corporaciones multinacionales por controlar tierras de cultivo y con reservas de agua en países latinoamericanos, asiáticos y africanos.

Nadie podrá decir que no se había denunciado la burbuja inmobiliaria, las hipotecas tóxicas, los hedge funds y los paraísos fiscales. Así como la agresión al medio ambiente. Pero la codicia de los especuladores va pareja con su ceguera.

El director general de la FAO no ha dudado en calificar a estas operaciones como neocoloniales, mientras que organizaciones de la sociedad civil alertan de que los más perjudicados van a ser los pequeños agricultores, pastores y poblaciones que hoy se autoabastecen y respetan el entorno con cultivos alternativos. Muchos de ellos sin más títulos de propiedad que los usos y costumbres. Presa preciada para especuladores y dirigentes sin escrúpulos.

Las tierras que van a roturar para cultivos intensivos se verán asoladas y las harán estériles con el uso extensivo de pesticidas, herbicidas y abonos. Así hicieron los colonizadores europeos con la implantación del monocultivo que ocasionó la desertización como nunca antes había sucedido.

La FAO fija en más de mil millones el número de personas hambrientas en el mundo con un incremento tan dramático como rápido y que empeorará con la crisis económica mundial.En un documentado reportaje, Lali Cambra aborda el acuciante problema de países como China, India, Japón, Malasia, Corea del sur, Egipto, Libia y los emiratos del golfo pérsico con gran crecimiento económico y demográfico.

Mientras tanto, escasean las superficies agrícolas y el agua, codiciada como oro azul, igual que lo fueron el amarillo y el negro petróleo. Brasil prepara un cambio de su legislación para exigir mayor transparencia y participación local en las inversiones de capitales extranjeros. La mayoría ya son importadores de comida, como antes lo fueron de materias primas y de mano de obra barata. Hoy pretenden asegurarse una reserva de alimentos, incapaces de reconocer el derecho de los productores del Sur a participar en el mercado mundial en contra de las subvenciones agrícolas y de las barreras aduaneras. La OMC será culpable de gran parte de esta locura.

Las firmas de inversión también participan del furor por la tierra, escribe la autora. Ante la volatilidad de los mercados, buscan fondos seguros a través de la adquisición de fincas. Muchas están interesadas en comercializar cereales, pero también en la producción de biodiésel, muy controvertido. Si bien es sustituto “ecológico” del petróleo, el cultivo intensivo por grandes empresas de terrenos ganados a espacios naturales, (o adquiriendo tierras antes cultivadas por pequeños agricultores que pasan a ser jornaleros), tiene el efecto contrario al deseado.

En Tanzania, más de media docena de firmas del Reino Unido, Suecia, Holanda, Japón, Canadá y Alemania (con un proyecto para biodiésel de 200.000 hectáreas) han comenzado sus operaciones. Pero no son sólo los biocarburantes los acicates a la presión comercial sobre la tierra. Y cita Cambra al portavoz de International Land Coalition, Michael Taylor: “los controvertidos créditos de carbono, surgidos a raíz del Protocolo de Kyoto, con los que las empresas contaminantes pueden ‘comprar’ su excedente de emisiones a industrias más limpias o sufragar proyectos ecológicos en países pobres, también contribuyen al fenómeno”.

Así, desde su instauración, el mercado financiero basado en estos créditos mueve más de 2.000 millones de euros anuales.

Una empresa coreana proyecta alquilar por 100 años la mitad de la tierra cultivable en Madagascar para plantar maíz para llevar a Seúl. En la isla, más del 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y más de medio millón de personas recibe asistencia del Programa Mundial de Alimentos.

Los países importadores, advierte la FAO, deberían preguntarse si es necesario adquirir la tierra sin estudiar otras posibilidades, como la formación de empresas conjuntas o la firma de contratos bilaterales equitativos con los países empobrecidos, que “deben asegurarse de que las condiciones del acuerdo son beneficiosas, proporcionan empleo, transferencia tecnológica y se imbrican en la economía local”. Pero ¿quién defenderá su causa en equidad y en justicia?

La voracidad de los explotadores es insaciable mientras el mundo mira para otro lado, como siempre.

Por José Carlos García Fajardo

Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS

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10.12.08

Navidad en crisis

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Estas navidades serán unas fechas difíciles para muchas familias. Recortes de plantilla en las grandes empresas, familias que no pueden pagar sus hipotecas y créditos, inmigrantes que ya no pueden enviar remesas a sus parientes, pequeños empresarios que tienen que cerrar sus comercios o sus empresas… Tan sólo en España las cifras de desempleo han llegado ya a los tres millones de personas y con unas perspectivas de aumento en los próximos meses. Sin embargo, los causantes de esta crisis siguen con su ritmo de vida.

“Más de 900 euros se gastará en promedio cada familia española estas navidades”, dicen los periódicos. Polvorones, mazapanes, juguetes para los más pequeños… Cifras que quedan muy lejos para miles de personas que se han visto afectadas por la crisis o que viven bajo el umbral de la pobreza. Tan sólo en España, más de un millón y medio de personas viven en infraviviendas, según el último informe de la organización Cáritas.

Las navidades de 2008 serán unas fiestas en crisis, según dicen los estudios. Las familias reducirán los gastos en estas fechas de gran consumo y evitarán el despilfarro propio de la Navidad. Habrá menos regalos y tan sólo se harán a la familia. Tampoco se saldrá tanto a cenar o al teatro. Aunque los más pequeños tendrán los regalos de los Reyes Magos garantizados. Videojuegos y videoconsolas son los regalos que más piden los niños en Navidad.

Las Administraciones y las ciudades de todo el mundo también se apretarán el cinturón. Ciudades con menos luces y menos engalanadas darán la bienvenida al nuevo año, que se espera también difícil.

Las televisiones y los anuncios nos bombardean ya todos los días con los miles de productos para las próximas fiestas: árbol de Navidad, belenes, adornos para la mesa navideña, pavos, corderos, gambas, pescados… y regalos, perfumes, corbatas, juguetes, la Barbie, la Wii… Y, sobre todo, personas sonrientes y felices. Muy felices por poder comer un buen plato el día de Navidad, tener regalos debajo del árbol o comer un trozo de turrón en familia con un gran fuego de chimenea. Una réplica idílica de un Primer Mundo irresponsable, con una sociedad egoísta que sólo se acuerda de aquellos que no lo pasan tan bien cuando salen en las noticias.

Ningún juez ha pedido responsabilidades a los grandes magnates financieros o las grandes fortunas especulativas del mundo. ¿Se ha pedido la dimisión de los presidentes de los bancos? ¿Y los promotores de vivienda? Mientras, el dinero de los todos va a las arcas de la gran banca en un plan de rescate que aún no da resultados y que no llega a la gente.

Los agentes sociales piden que ese dinero llegue a las familias y las empresas vulnerables, pero los bancos no se atreven a abrir la puerta de los préstamos. Periodistas y expertos en economía explican que los bancos aún no han tocado fondo y que necesitan ese dinero para el futuro. Nadie todavía conoce ni puede prever la magnitud de los agujeros de los bancos.

Y en este mundo de consumo y de crisis, de grandes cifras y de derroche, nos olvidamos de los más vulnerables y excluidos.

Hoy, más de 1.200 millones de personas pasan hambre y su situación se ha visto agravada con la actual crisis alimentaria. Millones de personas no tienen acceso a la educación y a la salud. Miles de niños son explotados en trabajos que nadie quiere por un plato de arroz. Las enseñanzas de aquel rabino, Jesús de Nazareth, que nació en Belén un 25 de diciembre, dan luz al mundo que nos rodeo. Hoy más que nunca necesitamos del verdadero espíritu de la Navidad: compartir con el que no tiene. El espíritu de la solidaridad.

Ana Muñoz Álvarez
Periodista
ccs@solidarios.org.es

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